Es muy común para los que no hemos hecho ejercicio en un buen rato, querer reponer el tiempo perdido rápidamente y eso provoca que caigamos en el error de excedernos en intensidad de rutinas y tiempo de ejercicios y que al día siguiente no queramos ni movernos por el dolor muscular. Esto se convierte en un círculo vicioso porque, gracias al dolor nos desanimamos y terminamos por desistir.

No hay mejor manera de iniciar o retomar la actividad física y de ver resultados más rápidos, que de manera tranquila, paulatina y bien planeada. He aquí algunas buenas razones para empezar despacio:

  • El estado físico de tu cuerpo tiene una mejor adaptación si le vas incrementando poco a poco la exigencia, y notarás que tu rendimiento realmente mejora.
  • Se invierte poco tiempo que, por lo general, es uno de los principales pretextos para no hacer ejercicio de manera constante.
  • Cuando te excedes, el dolor físico y el cansancio muscular te pueden desmotivar o llevar a no querer trabajar diario y se pierde la continuidad.
  • Respecto a las metas, es mucho mejor tener objetivos pequeños y sentir la satisfacción de lograrlos y poco a poco irlos subiendo de nivel, a su contraparte, que sería ponerse una meta muy alta y padecer la frustración de no lograrla.
  • Además, el ejercicio debería ser una actividad que se disfrute, no se trata de someterse a un sacrificio tanto de tiempo como de esfuerzo. Por lo tanto, es mejor mantenerlo suave y acorde a nuestra capacidad, de modo que nos resulte placentero.

Existen programas preestablecidos y muy sencillos en los que sólo se le destinan 20 minutos al día. Se inicia caminando y se van agregando 30 segundos de trote cada semana, hasta que al final del entrenamiento (generalmente de 10 semanas), ya se trota de manera continua. No olviden siempre estirar después de realizar cualquier ejercicio para que los músculos se relajen y no haya dolor al día siguiente.